9.6.08




:Vuelve el León. Noviembre. Ciudad de México

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30.5.08

El Congal ha sido remodelado.
Al fin.

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24.4.08

2: Aire

raro7:45
Es la primera palabra que me viene a la mente. La pienso y huelo el té en la taza y el humo en el cigarro. Aire. Lo deletreo con cudado, como si se me escapara.
El día comienza distinto a los demás. Distinto a todos. Llevo tres meses aquí. Tres meses recorriendo esas ocho cuadras, dos veces por día. Mecánicamente. Hoy todo parece ser distinto, pienso en aire y noto que es la única certeza. Huelo el té: naranja, jengibre, etcétera. Huelo el cigarro. Me detengo en el quicio del ventanal y volteo hacia Xola. ¿Me esperan ya en el lugar de comida chiapaneca y en la tintorería y en la casa de empeño?
No recuerdo haber visto el sitio a esta hora, jamás. Arcade fire: wake up. Calo el cigarro. Hoy podré increpar al guardia de la casa de empeño. Ayer noté que es idéntico a Pablo morsa. No me intimida más.

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4:21 a.m. : 3 afiches
















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18.4.08

1: Camino a casa


Hasta hoy había sido poco menos que anodino. Son ocho cuadras precedidas por media docena de estaciones de metro. Las camino mecánicamente, un par de veces por cada día. Esta ocasión lo descubrí. Llovía un poco, lo suficiente como para sentir que la ciudad se encontraba limpia, de un modo tal que pude apreciar loe elementos dispuestos a mi paso cotidiano. Descubrí como el guardia de la casa de empeño me observaba detenidamente, siguió cada paso con cuidado, como si intentara memorizar cada uno de mis detalles, me siguió con la mirada durante el resto de la cuadra. Hasta entonces solo me resultaba una pieza más del paisaje urbano. Ahora sé que no era casual su encuentro.
Adelante noté una tintorería argentina en donde solo veo mexicanos planchando y colgando mientras una tubería no cesa en escupir vapor por turnos. Detuvieron su tarea mientras me encontraba a la vista. Hablaban entre ellos. Dejaban de atender a los clientes. Uno de ellos caminó hasta el sitio en donde aplican uñas postizas, hizo una seña incomprensible a la mujer que regenta el sitio y tomó el celular. Llamaba mientras me observaba fijamente, tieso de todo el cuerpo salvo del brazo izquierdo con el que hacía aspavientos. Supuse paranoia. También un exceso de limpieza en la ciudad. Las jacarandas lucían espectaculares y el purpura de sus pétalos se extendían como tapete a mi paso.

Son ocho cuadras que camino mecánicamente, un par de veces por cada día. Comenzaba a esconderse el sol y la ciudad, límpida por la lluvia, me mostraba de todo lo que no había logrado entender.
Todo fue muy claro una cuadra antes de llegar. Ahí estaban, sentados en el sitio de comida chiapaneca. Ellos no hacían más que esperar. Esperarme. Noté que eran los mismos, los de cada día, un par de veces. No me quitaron la vista de encima y la mujer que se encontraba detrás del mostrador se encontraba al teléfono. Miré hacia atrás y el sujeto de la tintorería argentina no había colgado aun. Qué claro resulta todo con una lluvia que lo limpia todo.
Acelero el paso y para cuando abro la puerta del edificio, mi corazón late tan rápido que me hace falta oxígeno para alimentarlo. Subo las escaleras a trompicones. Entro al departamento y cierro con doble seguro. Me asomo por la rendija de una persiana: ahí están, justo en la esquina, mirando hacia mi departamento. Los presentes en el lugar de comida chiapaneca. Los de un par de veces al día. Los que ahora me observan.

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11.4.08

"Britney es como una figura trágica de Tenesse Williams. Cuanto más gorda y rara es, más me gusta."

Moby.

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27.3.08

Go with the flu!

Conforme voy deshaciéndome de papeles y archivos pendientes de revisión noto cómo la secreción nasal va cediendo al antibiótico. Llevo más de 24 horas en esta cama y sólo un poco menos frente a la computadora. He dormido mucho. Demasiado. Con el fin de sentirme un poco mejor. Sigue siendo de la mierda estar enfermo de gripa (y esa sensación se multiplica conforme pasan los años y con ellos las facturas de excesos cometidos). No de cualquiera, de la de temperamento volcánico que en menos de 12 horas te manda a la lona y quisieras no haberla contraído nunca. Ni siquiera he tenido tiempo de aprovisionarme y así, en un abrir y cerrar de ojos (que duró unas siete u ocho horas) me encontraba con una gripa encabronada y sin antibiótico ni cigarros. Aquí nunca ha aplicado el caldo de pollo y la miel con limón. A la fiebre y al cuerpo cortado se le combate de frente, como gringo: guerra química sintética. Nada de remedios caseros. Eso es para tercermundistas y nostálgicos.

Yo no soy nostálgico.

La noche anterior a la llegada de la gripa me sobre doté de música. Entonces había cigarros y las molestias no eran más que imperceptibles avisos de mocos y tos que siempre achaco al cigarro. Nada de cuidado y nada que no ocurra después de los cambios bruscos de clima.
Hoy me doy cuenta que mi única provisión es la música y la exploto y la desmenuzo como solo puedo hacerlo cuando en verdad no tengo absolutamente nada que hacer. Y enfermo, tirado en cama pues, no hay absolutamente nada qué hacer.
Aquí algunos de los más notables de mis nuevas provisiones. Además de una lista de tracks que me han hecho llevadera un día entero en cama y con muchos, en verdad muchos, pañuelos desechables humedecidos por mis fluidos infectos.
Ahora, a sonarme los mocos. Amarillos, por cierto.

Hercules and Love Affair: Blind





Beirut: Nantes (black session de Radio France Internacional)



Goldfrapp: A&E



XImena Sariñana: Normal



Ladytron: destroy everything you touch



The mars volta: L’Via L’Viaquez
The arcade fire: Keep the car running
Joanna Newson: Cosmia
The counting crows: A long December.
Pizzicato five: Baby love child
Cocteau twins: Heaven or las Vegas
The smashing pumpkins: Mellon collie and the infinite sadness
Angela McCluskey: It’s been done
Final Fantasy: No cars go

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25.3.08

Me siento bien. Re bien!


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10.3.08

Confesión matutina

Yo soy de los que fingen dormir
para no ceder mi lugar en el metro.

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8.3.08

Polaroid ordinaria. sin locura.


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24 horas...


Los nueve pesos ahí siguen (el vértigo ha sido sustituido por la soledad). Y he llegado a hacer lo que me había propuesto. Nada. Me calzo las sandalias y bajo a escuchar y a aturdirme con las olas. Intento entender cómo es que a la gente le resulta apacible el escucharlas. A mí me aturde. Acomodo los audífonos y comienza el fin de semana,

: un vodka tonic, por favor.

Me siento al fin y comienzo a leer. Hacían semanas que no leía nada. Ahora leo como si fueran los últimos días de mi vida. Leo y fumo y bebo y miro con el rabillo del ojo como una pareja de gringos ancianos me observan como un bicho. Me detengo, calo el cigarro y les reto con la mirada.

Sonríen.

Me abordan enseguida y preguntan qué leo. Respondo pastoso con un inglés vodka tonic. Se extrañan. No conocen a ningún escritor portugués y me hablan de Danielle Steel. Alzo los hombros: no la conozco. Ellos se desconciertan. Les digo salud y se cambian de mesa. Ahora me preguntan qué hace un tipo leyendo a media noche de viernes y no tratando en algún bar de llevarme a la cama a sus hijas. Nada, respondo. Sigo bebiendo.

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7.3.08





:Vértigo

Eso mismo se siente permanecer en la sala de espera en un aeropuerto, a punto de abordar un avión con tan sólo 9 pesos en la bolsa.

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Iniciamos así:

—Yo nunca me acosté con nadie. ¿Vos te acostarías?
—¿Con quién?
—Conmigo…


Cuando algún personaje en el cine enciende un cigarro, irremediablemente salivo. Busco en mis bolsillos la cajetilla y me detengo para seguir observando. Sin embargo, éste personaje no lo enciende para disfrutarlo, lo enciende, en todo caso, para paliar la angustia. Acaso placebo ordinario para evitar una realidad menos cándida. Esa es la primera gran impronta. La angustia. La angustia que causa observar la incertidumbre de un propio; de pensar una y otra más las maneras y las posibilidades y nada. En su lugar un cigarro y la memoria.

Inmediatamente después (o antes, francamente no importa) un frase que revienta en los oídos

: …rompiéndole el culo al hijo de tus invitados te alcanza? ¿O querés que te lo dibuje?

Y a partir de entonces no puedes sino pensar una y otra vez en el morbo. Así, en etéreo. Buscas ejemplos como resquicios, y tratar, por un momento, de entender, de empatar. Nada. Incertidumbre y morbo, sobre todo morbo feroz que te sume en la butaca hasta el fondo, intentando seguir la cinta a la par de las ideas que van surgiendo.
A mi lado se tapaban los ojos ante la aparición de un pene justo encima de una vagina en la misma entrepierna. En tanto, imagino la idea y solo veo vacío. La intersexaulidad es un páramo desolado en mi cabeza. A veces un chiste (malo, desde luego), a veces una incógnita. Da igual. Pues ésta ocasión sólo ha sido un pretexto para una reflexión más profunda y mucho menos morbosa. La identidad y la pertenencia. Esa, definitivamente, es el gran laberinto que me han dado ganas de salir mientras los créditos suceden, a encender un cigarro placebo. Lo demás, sólo ha sido escenario para una gran tarde.


Terminamos así:


—¿A ti te caen bien tus padres?
—Pues son mis padres.
[…]
—A mi me dan lástima. Siempre están esperando…



XXY, 2007
Dirección: Lucía Puenzo
Producción: Argentina, España, Francia.
Guión: Lucía Puenzo (adaptación del cuento “cínicos” del libro “Chicos” de Sergio Bizzio)



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6.3.08

: Como quieras güey, como quieras...



[sopeso la frase mientras los dientes rechinan, mientras
el clima coarta la libertad de elegir las opciones.]

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4.3.08

Sudestada

Hay días en los que las canciones van marcando tus pasos. Cómo si pretendieran convertirse en el ritmo que has de seguir el resto de la semana y en el peor de los casos de la vida. Hoy abordaba un avión pésimo al amanecer. El vuelo sabía iba a ser de los peores y lo fue. Pero también hoy, caminando en los pasillos ascéticos del aeropuerto un track se convirtió en el de la semana.



[Afuera mis entrañas / adentro, sigue en calma]



Sudestada; Gustavo Cerati





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28.2.08

fragmentar

“Articulaba mal, con un ruido como de astillero, y casi nunca se daba cuenta de lo que decía. Cualquier otro que no fuera yo se habría extraviado en esta cháchara chasqueante y chisporroteante, ininterrumpida únicamente por sus momentos de inconsciencia. Aunque yo tampoco venía para escucharla. Me comunicaba con ella golpeándole el cráneo. Un golpe significaba sí, dos no, tres no sé, cuatro dinero, cinco adiós. Me había costado mucho adiestrar a este código su entendimiento arruinado y delirante, pero lo había conseguido. Claro que podía ser que ella confundiera sí, no, no sé y adiós, pero eso no tenía importancia, porque yo también los confundía. Ahora bien, lo que había que evitar a toda costa era que asociara los cuatro golpes con otra cosa que con el dinero. Así, pues, durante el periodo de adiestramiento, al mismo tiempo que le daba los cuatro golpes en el cráneo le pasaba un billete de banco ante la nariz o se lo embutía en la boca. ¡Hay que ver lo ingenuo que era yo entonces! Porque ella habí perdido, si no del todo, la noción de mensurabilidad, sí por lo menos la facultad de contar más allá de dos. Hay que hacerse cargo, de uno a cuatro era demasiado para ella. Cuando llegábamos al cuarto golpe creía que era el segundo, los dos primeros se habían borrado de su memoria tan rápidamente como si no hubiesen existido nunca, si bien no acabo de comprender cómo una cosa que no ha existido nunca puede borrarse de la memoria, aunque es algo que vemos todos los días. Debía creer todo el rato que yo le iba diciendo que no, cuando nada estaba más lejos de mis intenciones. A la luz de tales razonamientos me dediqué a buscar, y acabé encontrando todo un medio más eficaz de insuflar en su espíritu la idea de dinero. Consistía en sustituir los cuatro golpes dados con el índice por uno o varios (según mis necesidades) puñetazos en el cráneo. Esto sí que me lo comprendía.”

Samuel Beckett; Molloy (fragmento)


“La consolé con un par de bofetadas y le ordené planchase la falda para cenar conmigo en los Caracóis de Esperança, moqueando restos de disgusto y sonriendo tras un velo de lágrimas, con miedo de un puntapié educativo bajo la mesa. En mi opinión conozco una única forma decente de lidiar con las mujeres: un sopapo para llamarlas al orden, una sopa de mariscos después y poca confianza para evitar abusos.”


Antonio Lobo Antunes; Tratado sobre las pasiones del alma (fragmento)

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Hace un par de semanas mientras charlaba con Frida, decidimos escuchar de cabo a rabo el Siamese dream de los Smashing pumpkins. Habrían pasado muchos años, en verdad no recuerdo cuantos, que no escuchaba un álbum completo; menos aun ese. Acaso casualidad.
Una de las manías que tenemos en la familia es la de la plática fragmentaria. Así que mientras Frida y yo nos decíamos qué nos había ocurrido en las semanas anteriores —habían pasado ya algunas sin vernos— comentábamos también entre track y track lo que ha significado ese álbum para mi desde 1993. Y la manera en cómo para ella terminó por formar parte de esa música de fondo que inconscientemente te acompaña mientras creces —ella nació en 1990.
De hecho, cada que aparecen las referencias musicales, no puedo evitar nombrarlo. En el numero uno. Siempre. La crítica no lo considera el mejor de la banda y las opiniones más bien se aproximan entre el Gish y el Melon collie and the infinite sadness. No importa. Ese álbum se convirtió en mi adolescencia en mi declaración de principios.

Hoy miro atónito el cartel de un festival en el df.
Cuando lo recibí recordé al menos un par de visitas de los Smashing pumpkins a México. No fui a ninguna simple y sencillamente por pobre. Sí, jodido. Lo miro una y otra vez y no doy crédito. Después de la separación perdí toda esperanza. Incluso era escéptico cuando tuve noticia de la grabación de un nuevo álbum. Lo cierto es que por fin ahí estaré. Whatever it takes. 15 años después de que desee verlos en vivo.
Aquí dejo posteada la rola. Mi favorita. Por sobre todas las demás.





Smashing pumpkins en el coca-cola zero fest.
Abril 12, autódromo hermanos Rodríguez.

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24.2.08


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22.2.08

LAS CIUDADES Y LA MEMORIA. 4

Más allá de seis ríos y tres cadenas de montañas surge Zora, ciudad que quien la ha visto una vez no puede olvidarla más. Pero no porque deje, como otras ciudades memorables, una imagen fuera de lo común en los recuerdos. Zora tiene la propiedad de permanecer en la memoria punto por punto, en la sucesión de sus calles, y de las casas a lo largo de las calles, y de las puertas y de las ventanas en las casas, aunque sin mostrar en ellas hermosuras o rarezas particulares. Su secreto es la forma en que la vista se desliza por figuras que se suceden como en una partitura musical donde no se puede cambiar o desplazar ninguna nota. El hombre que sabe de memoria cómo es Zora, en la noche, cuando no puede dormir imagina que camina por sus calles y recuerda el orden en que se suceden el reloj de cobre, el toldo a rayas del peluquero, la fuente de los nueve surtidores, la torre de vidrio del astrónomo, el puesto del vendedor de sandías, el café de la esquina, el atajo que va al puerto. Esta ciudad que no se borra de la mente es como una armazón o una retícula en cuyas casillas cada uno puede disponer las cosas que quiere recordar: nombres de varones ilustres, virtudes, números, clasificaciones vegetales y minerales, fechas de batallas, constelaciones, partes del discurso. Entre cada noción y cada punto del itinerario podrá establecer un nexo de afinidad o de contraste que sirva de llamada instantánea a la memoria. De modo que los hombres más sabios del mundo son aquellos que conocen Zora de memoria.
Pero inútilmente he partido de viaje para visitar la ciudad: obligada a permanecer inmóvil e igual a sí misma para ser recordada mejor, Zora languideció, se deshizo y desapareció. La Tierra la ha olvidado.

De: las ciudades invisibles; Ítalo Calvino.

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12.2.08

la hora de los pájaros

Ahora llevo cuarenta y tres años a cuestas, pero aún suelo estremecerme en el sofá pensando en todas las formas en que pude deshacer la vida de Zora. En la manera en cómo fui perdiendo todos los escrúpulos y la lleve de la mano hasta el final. Hasta que los susurros se convirtieron en gritos atronadores; la extraña —y ahora creo, fascinante— manera en cómo las caricias mutaron en puñetazos y bofetadas, en como los labios se hinchaban y reventaban de sangre. En cómo nos fuimos despedazando hasta que ya no quedó nada. Ni un ápice del amor que le profesaba, sólo palabras. Mil promesas y disculpas que me condujeron a un callejón sin salida. Poco después ella habló con sus padres. Como es de pensar, me prohibieron verla más y amenazaron con llevarme a juicio. Desistí. Nunca más la volví a ver. Durante meses pensé que si llegaba al parque en el momento adecuado, podría observarla a lo lejos mientras la hora de los pájaros llegara. Pasaron decenas de ocasiones, una y otra vez los pájaros regresaban puntuales. Jamás apareció Zora. En su lugar, las aves.

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