16.11.07

terapia: libros




Había decidió mandar todo a la chingada. Sólo el día de hoy. La sensación súbita de marasmo se instalaba pertinaz en mi sistema. No quería hablar. No quería trabajar. No quería escribir. Solo quería mandarlo todo a la mierda. ¿Las razones? Incomprensibles. Sólo me vi diligente directo a una barranca. Caer hasta el fondo para agazaparme y no salir de ahí en un buen rato.
Salí a caminar por la ciudad (es inmensa así que el comentario es presuntuoso). Salí a caminar por tabacalera. Después de un tramo más o menos largo abordé el metro y sin pensarlo mucho salí a la superficie en Bellas Artes. Después de todo parece ser el camino de siempre, como si estuviera escrita en alguna parte de mi cabeza aquella hoja de ruta. No lo pensé dos veces y me metí en una librería.
La sensación se puede describir acaso como la de una mujer fatua entrando a una boutique. Idéntica debe ser. Conforme miraba los títulos el marasmo fue diluyéndose hasta convertirse en añicos. Es verdad. Las librerías representan mi zona de confort fuera de casa.
De regreso también abordé el metro y también caminé bastante. Entonces sólo lo hacía por solaz, por presunción quizá.

Aquí mi terapia de lo que resta del año ( y acumulándose)










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1 comentarios:

Ale dijo...

Alguna vez en un rato de lucidez pensé en dos ideas respecto a lo cotidiano.
Lo cotidiano se diferencía de la rutina en la presencia, la rutina es el acto de condenarse a la estatica (mentalmente), en lo cotidiano por fin se entendió que la estática es una mera ilusión.
Movimiento!

G.

"El amor es un acto de independencia!, Eres un hombre libre?"